Los niños frente al divorcio: rechazo y culpa

 

Existe otro sentimiento que debe ser tenido en cuenta porque con frecuencia posee mayores implicaciones subjetivas, y se llama RECHAZO.

 

Resulta difícil para los niños comprender que el matrimonio es el resultado de la relación entre dos adultos, y no el vínculo que se establece más tarde cuando nacen los hijos.

 

Además, frente al divorcio, es frecuente que los menores piensen que así como sus padres se han rechazado mutuamente, también los rechazarán a ellos en algún momento de su vida, incluso por ser el producto de su relación. Por lo mismo, esto va a incidir en la baja de la autoestima al sentir que no merecen aprecio y amor.

 

Consideran que si ellos han roto el compromiso que un día asumieron de amarse por el resto de su vida, también podrán olvidar el que adquirieron cuando los hijos nacieron.


Frente a esta situación, es indispensable que los padres les expliquen con frecuencia a sus pequeños que aunque la relación entre papá y mamá se ha modificado, esto no sucederá nunca en el vínculo que existe entre un padre y su hijo, que sí es irrompible y de por vida.

 

Es importante que el progenitor que no vive en forma permanente con ellos, haga los esfuerzos necesarios para estar cerca. 

 

Así, los menores comprenderán que la familia no se ha destruido, que se está transformando y sus miembros siguen perteneciendo a ella, y que ellos continúan mereciendo todo el amor y el aprecio de sus padres.

 

Finalmente, se da en los hijos la CULPA. Es indudable que ellos no son los causantes de la decisión de separarse que han tomado los padres. 

 

Pero como la vida familiar gira la mayor parte del tiempo a su alrededor, ellos sienten que sus comportamientos negativos o las dificultades escolares que han tenido, son el origen de la ruptura de la pareja. 

"Es importante que el progenitor que no vive en forma permanente con ellos, haga los esfuerzos necesarios para estar cerca"

Es habitual que los menores no compartan esta reacción con sus padres, aunque ella se manifieste en su actitud permanente de asumir como propios los conflictos que se presenten a su alrededor.

 

En muchos casos, los sentimientos de culpa son profundos, y para superarlos es necesario que los padres expresen a los menores con frecuencia que ellos no son la causa del divorcio.


Por otra parte, la pérdida de un miembro en la vida cotidiana de una familia deja un espacio vacío en su interior. Esta ha cambiado y no volverá a ser lo que era antes del divorcio. Entonces, los niños experimentan la SOLEDAD que les causa el progenitor que ha salido de casa.

 

Este sentimiento se presenta independientemente de la cercanía o no que existiera entre ellos, ya que se ven solos por los cambios que han ocurrido en el hogar. La diferencia fundamental radica en la pérdida que ha traído la separación de sus padres y que los lleva a dedicar su tiempo libre a soñar con la posibilidad de reunirlos nuevamente y recuperar la familia que siente que se ha destruido.


Por: Gloria Mercedes Isaza


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