Reacciones de los niños según las etapas

 

En la primera etapa de la separación es muy factible que se presenten tristezas o momentos depresivos que son normales. Al principio, los niños no tienen mucha conciencia de lo que sucede.

 

Pero a medida que pasa el tiempo experimentan los efectos de la situación, como la ausencia de la persona que ya no está para acompañarlos a tomar el bus, comer juntos o hacer las tareas. No es extraño que se manifieste rabia hacia uno de los padres por sentir que no hizo lo suficiente para evitar la ruptura.


En algunos casos los niños pueden sentirse culpables por la separación de los padres, sobre todo si hay recientes fallas cometidas por los hijos.

"De cualquier manera, los padres deben estar atentos a las reacciones y estados de los niños para ayudarles a superarlos con más tranquilidad y apoyo."

Es posible que manifiesten cierto desprendimiento emocional, que a simple vista pareciera indiferencia o, por el contrario, podrían evidenciar un apego excesivo a sus padres o a uno de ellos, por miedo a un nuevo abandono.


Otros reprimen sus sentimientos acerca de esta situación, y se dedican a diversas actividades  como pretendiendo que nada ha pasado. Lo hacen para no alterar a sus padres o para evadir la tristeza, la confusión, la vergüenza y el abandono que este acontecimiento les produce. Algunas veces los hijos toman partido por uno de sus padres o hacen recaer la responsabilidad de la separación en el padre o la madre.
 

 

Con frecuencia los niños cambian de estado de ánimo sin motivo aparente y pueden pasar de estar muy eufóricos, a estar apáticos o retraídos. Igualmente, mostrarse más irascibles o sensibles frente a algunas situaciones que antes no les afectaba. Algunos se vuelven “melodramáticos” y cualquier evento aun insignificante puede provocarle una reacción exagerada.

 

Estos cambios pueden ser muy intensos al comienzo de la separación y poco a poco ir disminuyendo.
Es posible que aparezcan con eventos como por ejemplo, cuando las familias se reorganizan en nuevas relaciones de pareja.


Es muy frecuente que frente a esta situación, se generen celos y rivalidades entre hijos y padrastros, al igual que entre padres y padrastros. Esta constituye una de las etapas que puede acarrear mayores dificultades de adaptación y ajuste por parte de sus diferentes miembros, por esta razón es necesario implementar algunas acciones y mantener una actitud abierta y comprensiva.

 

Una de ellas es leer entre líneas estas reacciones de los niños y no asumirlas como algo personal. En algunos casos es necesario reflejarlas a los niños pero este debe hacerse con ternura y amor, de tal forma que estos entiendan que pueden ayudar a que la situación sea un poco más fácil, pero que siguen contando con el soporte y comprensión de los adultos.


De cualquier manera, los padres deben estar atentos a las reacciones y estados de los niños para ayudarles a superarlos con más tranquilidad y apoyo.


Por: María Elena López


Divorcio, Sicología, Niños

     

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