Cuando el papá tiene novia

 

Cuando el padre separado inicia una relación afectiva se enfrenta a una realidad desconocida en su vida. Integrar a la elegida con sus hijos no le resulta tan fácil como imaginaba. Lo primero que él debe tener en cuenta es que la aceptación de la nueva pareja se verá afectada por los cambios que genere la naciente relación en la forma como se ha asumido la paternidad después del divorcio.

 

Cuando los niños continúan percibiendo que son la prioridad de la vida de su padre se sienten seguros de su amor y les es posible compartirlo con otros, como la recién llegada. Por otra parte la nueva pareja debe comprender que los niños tienen una madre a la que aman profundamente y no permitirán de ninguna manera que otra persona trate de sustituirla.

"Al igual que en el caso de la madre, es recomendable que no se exponga a los hijos a cambios constantes de pareja y solo se les involucre cuando la relación haya avanzado hacia una etapa más estable"

Además, que su situación no le convierte en la educadora de los menores y que este rol le corresponde únicamente a su pareja. Respetar esta realidad le permitirá acercarse a ellos respetando el lugar de la madre y estableciendo una relación diferente a la que se desarrolla cuando existe este lazo biológico.


Con frecuencia los hijos se sienten molestos cuando su padre empieza a salir y conocer nuevas amigas. Como ya lo hemos dicho, en la mayoría de los casos ellos desean compartir más tiempo con él, y cuando lo ven con una nueva pareja sienten que ahora tendrá menos disponibilidad para los encuentros. Algunos viven esta situación como una afrenta y agresión a su madre y quieren protegerla rechazando a la recién llegada.

 

Esta posición se agudiza en los casos en los que la madre se siente lesionada y molesta con la nueva aparición. Tampoco será bien recibida si la relación se inició antes de la separación y se le atribuye la causa de la decisión, pues será vivida como una traición difícil de perdonar.
 

 

Los menores son particularmente reacios a integrar a la nueva mujer en las actividades que realizan durante las visitas. Sienten que no tienen la atención exclusiva que recibían del padre hasta ese momento.

 

Esta pérdida es con frecuencia expresada por los niños que sienten rabia, celos y tristeza porque la nueva relación de su padre les roba el tiempo y las actividades que desean compartir con él.

 

Los adolescentes se convierten generalmente en jueces implacables del padre. Evalúan duramente a la elegida y experimentan rabia por lo que consideran una gran equivocación.


En general, los hijos prefieren no involucrarse con la amiga de su papá y sus actividades. La experiencia nos demuestra que inicialmente optan por permanecer lejos de la nueva vida que ha iniciado el padre. Con el tiempo, se acercan a la nueva pareja y empiezan a disfrutar de su compañía.

 

En este momento, logran evaluar los beneficios que tiene para su padre el hecho de estar acompañado y, pueden dejar de preocuparse por su soledad. Al igual que en el caso de la madre, es recomendable que no se exponga a los hijos a cambios constantes de pareja y solo se les involucre cuando la relación haya avanzado hacia una etapa más estable.

 

Esto no significa ocultarles las salidas y la existencia de nuevas personas en su vida. En tales casos, cuando se enteran de las actividades que ha desarrollado su padre sienten que él ha traicionado su confianza y se alejan. Dependiendo del vínculo que se desarrolle la nueva figura será vista en un futuro “como una mamá”, como una amiga, como una mediadora o como la madrastra mala.


Por: Gloria Mercedes Isaza


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