¿Qué hago con los hijos de mi marido?

 

Mi nombre es Sofía, tengo treinta años y me casé hace tres con Juan. Yo era soltera, sin hijos y por lo tanto sin ninguna experiencia en el manejo de los niños. Quería construir una familia ideal con él y no entendía que el punto de partida debía ser una familia ya existente. Él estaba separado de su primera esposa y de ese matrimonio le quedan tres hijos. Me encontraba angustiada por las constantes dificultades que debía afrontar como consecuencia de la relación con ellos. Aunque viven con su mamá y los veo eventualmente, afectan constantemente la relación que tenemos Juan y yo.


Inicialmente pensé que con el matrimonio las dificultades se iban a superar, pero con el tiempo me di cuenta de que se requería una preocupación positiva por la situación. Incluso llegue a darme cuenta de que era una forma de poner a salvo la relación con él. De ese modo empecé a pensar en las acciones concretas que debía realizar para superar las dificultades. Lo primero que hice fue hablar con Juan para que él entendiera mi interés y que no fuera a considerar este como un reclamo frente al mayor tiempo que él les dedicaba a los hijos. Los dos pudimos encontrar las causas de la situación, y acordamos acciones y tareas específicas para enfrentar el problema.


En un principio la relación tranquila y placentera que teníamos durante el noviazgo, frente a los encuentros con sus hijos, se transformaba temporalmente en una experiencia incómoda y desagradable en la cual el rechazo entre ellos y yo era evidente. Además durante los encuentros Juan les prestaba más atención a ellos que a mí. Yo no lograba entender el cambio en su comportamiento y le reclamaba por excluirme en esos momentos de su vida. Después de hablar con él, entendí que era lógico que dedicara más atención a sus hijos en tales momentos, pues veía que debía compensar el tiempo que permanecía lejos de ellos.


También me di cuenta de que Juan se sentía culpable de haberse convertido en un papá de tiempo parcial y trataba de reparar la situación ofreciéndoles el ciento por ciento de su tiempo cuando estaban juntos. Además estaba presionado y confuso por tener que satisfacer la necesidad que tenían todos de ocupar el primer lugar en sus afectos. Yo mantenía silencio frente a lo que él hacía con sus hijos. Sinceramente no estaba de acuerdo con su deseo de complacerlos en muchos aspectos.  Ahora me doy cuenta de que él tenía razón cuando no me permitía intervenir en la situación, pues la responsabilidad de la educación de esos niños era únicamente de él y su ex mujer.

 

Por eso tuve que aprender que no podía ejercer como mamá de los hijos que no eran míos. Cada vez que lo hacía, los pequeños me rechazaban y me expresaban con sus palabras o con sus comportamientos que ellos ya tenían una madre y no me querían como su reemplazo. Debo decir que entender esto fue la clave para la mejoría de la relación con los hijos de Juan.

"Quería construir una familia ideal con él y no entendía que el punto de partida debía ser una familia ya existente"


Dentro de todo esto yo me había percatado de que la comunicación con su exmujer era parte importante del problema y como tal nos generaba muchos conflictos. Me sentía celosa e insegura y deseaba que se produjera un rompimiento total entre ellos, lo que era imposible por existir hijos de por medio. Nos convertimos en rivales y eso sin darme cuenta deterioraba mi relación con los pequeños pues como solución yo trataba de alejarlos. Lamentablemente, yo no entendía el dolor que esto le producía a Juan. Este fue uno de los tópicos más críticos e inclusive estuvo a punto de acabar con nuestra relación.

 

Finalmente comprendí que ella y Juan deben continuar siendo compañeros solidarios en la educación de sus hijos, y que esto no significa que ellos continúen teniendo una relación de pareja. Él me ama y la relación conyugal la vive conmigo. Fue sorprendente entender que a medida que íbamos encontrando salidas la relación con los hijos también mejoraba. En la actualidad me siento muy bien con ellos y creo que esto contribuye positivamente a la responsabilidad que Juan tiene con como padre. De este modo le doy mi apoyo rotundo y hemos iniciado una nueva etapa de nuestra relación en la cual el apoyo, la unidad y la nueva familia son nuestros pilares.

 

Por: Gloria Mercedes Isaza

 

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