Cuando se quiere mantener el control

 

Los padres que se divorcian tienen dificultad para aceptar que ya no participan de una parte de la vida de sus hijos y que han perdido el control total sobre ella. Es decir que lo que sucede mientras están con el papá no lo conoce ni lo puede controlar la madre, y lo mismo ocurre en el caso contrario. Esto significa que cuando uno pierde una parte de la vida de sus pequeños, solo el otro tiene la posibilidad de vivirla.
 

La situación es especialmente difícil cuando los hijos son pequeños y todavía requieren de la supervisión directa de alguno de los progenitores. Esta realidad lleva muchas veces a estos a opinar y tratar de influir en la forma como el otro vive y también educa a los hijos.

"Aunque en muchas oportunidades la preocupación de los padres puede ser aceptable, la forma de comunicarla demuestra su interés por definir las normas que deben regir en la otra casa."

Desafortunadamente, esto ocurre con la ayuda de los menores, que sin pensar en sus consecuencias informan sobre lo que sucede en cada hogar.
Aunque en muchas oportunidades la preocupación de los padres puede ser aceptable, la forma de comunicarla demuestra su interés por definir las normas que deben regir en la otra casa. Y de esta manera cuestionar la capacidad de su expareja para ejercer su rol. Por eso el que recibe la crítica generalmente reacciona adoptando una actitud defensiva y aun agresiva.
 

Al hacerlo desea recordar que cada uno determina las actividades de su casa y nada puede hacer el otro al respecto, sin que ello constituya una intromisión indebida. Además, es posible que como parte de esa reacción se llegue a involucrar a los hijos por estar informando al otro progenitor lo que hacen en el hogar. Cuando esto sucede, los menores se sienten culpables y aprenden que no pueden confiar en sus padres y que compartir con ellos su vida puede generar conflictos. La mejor manera de enfrentar la situación es dar una respuesta cordial que le permita al otro comprender que la situación está por fuera de su control. Recuerde que tratar de justificar su posición solo generará más dificultades.


Es indudable que para los niños se hace más conveniente que los padres puedan hacer acuerdos sobre las normas y límites que consideran fundamentales en su educación para que se respeten en ambos hogares. 

 

Cuando lo logran, los menores recuperan la seguridad de tener dos padres capaces de guiarlos en cada momento de su vida, y se evita que estos puedan manipular la situación para obtener siempre lo que desean. Sin embargo, ello no significa que las casas deban funcionar de la misma manera. Tener en cuenta que existen diferencias entre ellas y respetarlas, es un paso importante en la aceptación de todos del proceso del divorcio. Cuando los padres entienden y reconocen que cada uno ejercerá su autoridad con los niños cuando estén a su lado, podrán adoptar una actitud respetuosa. Si esto sucede, los progenitores ganan en tranquilidad y los hijos tienen la posibilidad de disfrutar de ambos sin sentimientos de culpa o deslealtad.


Mencionemos algunos ejemplos que indican la intervención inadecuada de los padres. Estos son:
 - ¡Creo que es conveniente para los niños que llegues temprano en la tarde a casa!
- ¡Dile a tu mamá que me llame cuando llegue para saber que ya están juntos!
- ¡Juan, los niños se están acostando muy tarde cuando están contigo! Recuerda que tienen colegio y deben descansar.
- ¡Por favor, trata de darles alimentos más sanos y menos dulces!
- ¡Tú eres quien vive con ellos. Debes controlar que hagan las tareas!
- ¡En tu casa ellos hacen lo que desean! ¡Creo que has perdido la autoridad y tu obligación de educarlos!
 


La intervención de la expareja en la vida del otro padre indica su intención de cambiar algunas de sus actitudes y comportamientos. Considere que si no logró hacerlo durante el matrimonio es poco probable que tenga éxito ahora que están separados. Aunque es su derecho intentarlo, debe estar preparado para enfrentar la frustración si fracasa. Lo que ambos deben tratar es de establecer una comunicación en la cual los dos estén dispuestos a colaborar y adoptar una posición flexible en beneficio de los hijos.
 

Cuando no sea posible llegar a acuerdos, es mejor permanecer por fuera de la situación. Escuche y sea respetuoso pero no se involucre en una discusión que no va a llevar a ningún resultado.
Acepte que toda la vida de sus hijos ya no es compartida con la suya. Ahora no tiene ningún control sobre una parte de ella, y en oportunidades ni siquiera sabrá lo que sucede cuando ellos están con su expareja. Es la realidad y una de las mayores pérdidas que trae el divorcio. Corresponde a una circunstancia que jamás fue contemplada por ninguno de los dos en el momento en que decidieron formar una familia.

Por: Gloria Mercedes Isaza

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