Ser padres y estar enamorados es difícil

 

El que los padres divorciados empiecen a salir con otras parejas constituye una experiencia extraña para ellos y sus hijos. En los adultos implica cambios en la rutina diaria de la vida y lograr manejar su nuevo rol de conquistador sin abandonar el de padre como lo ha asumido desde la separación.

 

Las primeras inquietudes aparecen en el momento en que la pareja inicia la nueva relación. Este proceso es más difícil para el padre custodio que para el que no reside permanentemente con los hijos. Pero en ambos casos significa un cambio significativo en la forma como se ha ejercido el rol de padre hasta el momento.


En este instante surgen interrogantes como si deben mantener estas relaciones fuera de la vida de sus hijos, cuándo es adecuado presentarles las nuevas parejas, en qué momento es conveniente que el recién llegado duerma en casa, y si es importante o no tener en cuenta las objeciones de los menores. Para los hijos, significa enfrentar cambios que les hacen sentirse vulnerables de nuevo. Ver a sus padres compartiendo parte del tiempo con otras parejas, les recuerda que en su familia han estado sucediendo hechos que están fuera de su control. Además, les hace evidente una realidad que no habían contemplado hasta ahora: que sus padres tienen una vida propia, independiente de la de ellos.

 

Frente a esta situación los hijos reaccionan de diferentes maneras. Algunos se sienten alegres con la nueva relación, otros se muestran indiferentes, y la gran mayoría responden con rabia y resentimiento. Lo que es común para todos es la tristeza que les produce confirmar que sus padres no volverán a estar juntos. Estas respuestas son diferentes si se trata de nuevas parejas del padre o de la madre. En el caso de la mamá, con quien residen la mayoría de los pequeños, estos se ven más involucrados en las nuevas amistades que en el caso del padre que salió de casa. Pero ambos deben enfrentar que sus hijos extrañen su comportamiento de enamorados y los vean como unos adolescentes.
 

 

La aceptación de los hijos depende de factores como el tiempo que ha pasado desde el divorcio, la adaptación de la familia y la edad. Aquellos que tienen entre cinco y diez años, en un principio se sienten molestos de tener que compartir a sus papás con un extraño, le rechazan y hacen hasta lo imposible para que la nueva relación fracase. Además, todavía tienen la fantasía de volver a reunir a sus padres y el intruso es definitivamente el mayor obstáculo para lograrlo. Estos sentimientos se van modificando poco a poco, cuando la relación entre el menor y el recién llegado se hace más cálida y cercana.

"Aceptar que los padres viven la intimidad con un extraño les resulta difícil."

Para los mayores la llegada del novio de los padres conlleva sentimientos encontrados. Por una parte, se sienten bien al ver la alegría de ellos, pero por el otro experimentan malestar por tener que aceptar a un intruso compartiendo la intimidad de su hogar. En el caso de los adolescentes, la nueva situación les hace más difícil el proceso de cambios que viven en el despertar de su sexualidad. Aceptar que los padres viven la intimidad con un extraño les resulta difícil.

 

Por último, la adaptación a la nueva situación es directamente proporcional a los cambios que esta genere en la vida diaria de los menores. Esto significa que si los padres logran acercar a su nueva pareja sin alterar las rutinas y la cantidad de tiempo que comparten con sus hijos, estos no percibirán al recién llegado como una amenaza y lo aceptarán como parte de su nueva vida. Indudablemente, es un proceso que requiere de amor, tiempo y paciencia.

 

Por: Gloria Mercedes Isaza
Divorcio, Padres y Psicología

     

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