Cuando ambos tienen hijos

 

Cuando dos personas que tienen hijos se casan, cada uno automáticamente se convierte en padrastro o madrastra de los hijos del otro. Ambos tienen experiencia como padres pero nunca se han enfrentado a la situación de manejar hijos que no son suyos. Por esto para muchos resulta inesperado y extraño ver a sus pequeños convertirse en niños difíciles de educar frente a los ojos de su nueva pareja. Se sienten confusos al escuchar los reclamos que surgen de sus hijos, de su nueva pareja y de cada grupo de pequeños que se rechaza mutuamente.

 

Es una situación compleja que puede poner en riesgo la estabilidad del matrimonio. Son ellos como adultos los que deben enfrentar la responsabilidad de la transformación que sufren las dos familias y asumir el control de la situación. Para lograrlo deben tener en cuenta las diez reglas de oro siguientes:

"Aunque se dé a los hijos la posibilidad de opinar al respecto, ellos necesitan tener claro que las normas son establecidas por los adultos."

1. Tener claras las expectativas que cada uno conserva en relación con la nueva familia, es indispensable para evitar que estas sean irreales e imposibles de alcanzar. Cuando eso sucede, se generan rechazos y resentimientos entre los miembros del grupo.

 

2. No olvide nunca que existen exparejas pero no expapás. Después del divorcio los hijos continúan teniendo dos padres y no necesitan más. Lo que sí requieren es que cada uno de sus progenitores acepte y respete al otro como el mejor que podrían tener y les expresen en todo momento que ambos los aman.

 

3. Tenga siempre presente que la familia que nace de la unión de dos padres con hijos no funciona de la misma manera que la familia nuclear. Pretender ajustarla dentro de este esquema genera dificultades y conflictos entre sus miembros, pues en ella solo pueden existir el padre, la madre y los hijos.
 

 

4. Es indispensable que se determinen los roles que cada uno de los padres ejercerá con los hijos de su nueva pareja. Esto evitará que se presenten malentendidos y conflictos entre ellos.

 

5. Reconoca en todo momento que los hijos de su pareja no son suyos y que nunca lo serán. Esto le permitirá mantener el espacio afectivo que requieren los padres biológicos y les ayudará a los pequeños a acercarse a la nueva pareja de su progenitor sin sentir que traicionan al otro.

 

6. Recuerde que tratar de ser el papá o la mamá perfecta de los hijos de su pareja no va a funcionar. Esforzarse por serlo no solo lo alejará de los pequeños, sino que también le generará muchos conflictos.

 

7. La disciplina del nuevo hogar debe ser acordada por la nueva pareja. Aunque se dé a los hijos la posibilidad de opinar al respecto, ellos necesitan tener claro que las normas son establecidas por los adultos.

 

8. Esté atento a reconocer cuándo se presentan conflictos de lealtades en la nueva familia. Estos se dan en el momento en que alguno piensa que la relación que tiene con los miembros biológicos de su familia está en peligro. Siente temor de perder el afecto que existe entre ellos.

 

9. Esté siempre preparado para las dificultades que se presentan en las relaciones que combinan los lazos biológicos que existen entre padres e hijos y los afectivos que se desarrollan con la nueva pareja.

 

10. Conserve su sentido del humor y utilícelo para eliminar las tensiones previas al conflicto. No olvide que la risa es un arma infalible para modificar la percepción que tenemos de la realidad.

 

Por: Gloria Mercede Isaza
Divorcio, Pareja y Sicologìa

     

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