El divorcio: mitos y realidades (Segunda Parte)

 

El tercer mito, también incorrecto y engañoso, afirma que “con el divorcio también se destruye la familia”. Esta aseveración no es cierta. Creer que el divorcio destruye la familia es dañino para padres e hijos porque les impide ver las posibilidades que tienen para continuar construyendo una estructura familiar nueva y diferente después de la separación.

 

Además, les envía a los niños un mensaje muy perjudicial. Este quiere decir que después del divorcio se quedarán con un solo padre y no serán más miembros de un hogar.


Desafortunadamente, es cierto que algunos divorcios destruyen los vínculos afectivos entre los miembros de la familia. Pero esto no ocurre con la mayoría que logra transformar su forma de vida y sus relaciones, sin romper los lazos requeridos por los hijos. Es decir, la separación no debe alterar los sentimientos entre ellos y sus padres y hermanos.

"Se debe aceptar que las parejas que se divorcian deben continuar relacionándose mientras sus hijos vivan"


Igualmente, se dice que “con el divorcio los hijos pierden a uno de sus padres”. Esta afirmación se deriva de otra que dice que el divorcio destruye la familia porque el padre que sale de casa desaparece, abandona a los hijos y los deja a la deriva.

 

Además, es una persona que, según se dice, no se preocupa por ella, ya que es incapaz de mantener sus compromisos. Pero estos son ciertos padres que comparten menos tiempo con sus hijos después del divorcio.

 

Ser un papá preocupado por los hijos con los que no vive, es una tarea difícil. Pero calificarlos a todos como abandonadores e irresponsables es una injusticia, y en caso de decírselos solo crea más problemas.

La realidad demuestra que muchos continúan siendo excelentes papás, y con frecuencia los hijos expresan que la relación mejoró significativamente después de la separación.


Otra creencia, que “no se puede tener una buena relación con la ex pareja”. El incremento de divorcios y el impacto de la ruptura en los hijos, llevó a pensar que la mayoría de las dificultades eran causadas por la imposibilidad de los cónyuges para terminar su relación.

 

Incluso, se les calificó con incapacidad para adaptarse a la separación, para independizarse del otro y seguir solo. Surgió así la figura de la ex pareja como una feroz enemiga, incapaz de abandonar la batalla aún en beneficio de los hijos. Se debe aceptar que las parejas que se divorcian deben continuar relacionándose mientras sus hijos vivan.

 

También es cierto que cada día un mayor número de padres divorciados son verdaderos compañeros en la educación de los hijos, y capaces de compartir muchos momentos de la vida alrededor de los menores.

 

Son adultos que han logrado superar las difcultades, enfrentar los conflictos y permanecer en todo momento al lado de sus hijos a pesar de que no vivan juntos. Indudablemente, han comprendido que no se requiere ser marido y mujer para continuar su misión como padres.


Por: Gloria Mercedes Isaza


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