El matrimonio antes del divorcio

 

La separación es la solución a una relación que se ha vuelto lejana y muchas veces conflictiva. El ambiente familiar constituye el origen de algunos de los trastornos que se presentan en el desarrollo de los hijos, y de las dificultades de ellos en las relaciones con sus padres.

 

Es imposible predecir cómo será el proceso de divorcio en una familia. Esta es única y su proceso de separación y adaptación a la nueva vida también lo será. Conocer su funcionamiento antes de iniciarlo ayudará a comprender la manera en la que cada uno de sus miembros se ajustará a los cambios.

 

Además, permitirá lograr que con esta decisión se disminuyan los conflictos, y se pueda iniciar una relación cooperativa y respetuosa con la ex pareja, para minimizar los efectos de este proceso en los hijos.
Constance Ahrons autora de “El buen divorcio”, clasifica los matrimonios que terminan en divorcio en tres grupos que son: los “suficientemente buenos”, los "desvitalizados" y los "conflictivos".


El primero, los matrimonios SUFICIENTEMENTE BUENOS son los que satisfacen las necesidades de los hijos, y en los que los problemas no rompen las relaciones ni impiden a la pareja ser buenos padres. Sin embargo, marido y mujer comparten poca intimidad aunque su trato sea respetuoso.

"Está demostrado que vivir en ambientes altamente conflictivos causa dificultades en el desarrollo emocional de los niños"

 

Los hijos perciben la relación como amigable, y por esto es frecuente que no vean venir el divorcio y se sientan sorprendidos y confusos cuando sus padres les comunican tal decisión. Después de la separación, los miembros de los matrimonios suficientemente buenos establecen relaciones respetuosas y continúan comprometidos en la educación de sus hijos a pesar de las dificultades que trae este proceso.

 

En general, tales parejas logran mantener los lazos familiares fundamentales, lo que disminuye el efecto negativo que este podría tener en ellos. El segundo grupo está conformado por los matrimonios DESVITALIZADOS.

 

El silencio es la característica que prima en estas parejas. Ellas suelen ser distantes y poco afectuosas. Ambos miembros fueron felices juntos pero con el tiempo han perdido la alegría.

 

Ahora no hay agresión entre ellos, pero la frialdad ya se vuelve insoportable.  Es frecuente que los dos construyan una vida independiente, y así se adapten a la situación hasta que alguno decida optar por el divorcio. No obstante, los hijos perciben la situación familiar como normal; ellos creen que “si no hay discusiones ni peleas, todo marcha como debe ser”.

 

Por esto, se sorprenden ante la decisión de la separación y solo años más tarde comprenderán que sus papás no eran felices. Después del divorcio, ambos continúan siendo buenos padres y comparten bastante tiempo con los hijos. Sin embargo les es difícil tener una relación amable entre ellos y mantener los lazos familiares.

 


Por último, tenemos los matrimonios CONFLICTIVOS. Estos producen mayor tensión en los hijos. Son parejas que expresan los sentimientos de rabia a través de peleas; la violencia es frecuente entre ellos. Todos los miembros de la familia se ven involucrados en las batallas. Muchas veces los niños se hacen responsables de las disputas y toman el papel de “mediadores capaces de solucionar las dificultades”.

 

También se sienten en la obligación de apoyar al padre que ven en desventaja y crecen con sentimientos de culpa y deslealtad con el otro. Con el tiempo, los hijos se vuelven muy sensibles a los enfrentamientos y guardan los recuerdos del miedo e impotencia que sintieron durante esa época de su vida.

 

En estos casos, el divorcio es visto por ellos como positivo. Está demostrado que vivir en ambientes altamente conflictivos causa dificultades en el desarrollo emocional de los niños. Después del divorcio, estas parejas tendrán dificultades para continuar la relación parental, indispensable para los hijos.

 

Es recomendable que tengan ayuda profesional para lograr superar en un mínimo las diferencias y construir una relación respetuosa alrededor de ellos.
Se considera muy acertada y de gran utilidad esta clasificación de la doctora Ahrons.

 

Sin embargo, se deben tener en cuenta las fortalezas y debilidades propias de cada grupo familiar, que también serán definitivas en el proceso de transformación antes, durante y después del divorcio.


Por: Gloria Mercedes Isaza


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