Pareciera que se pierde la familia

 

La familia es un núcleo especial. Está integrada por personas vinculadas entre sí por un afecto diferente y único, y con quienes se vive en gran intimidad. Es un grupo que siempre está presente, se siente como propio y con el que el individuo comparte numerosas experiencias de su vida. Los sentimientos de pertenencia a ella no pueden cambiar con el divorcio.


Es por esto que cuando preguntamos a un niño cuyos papás se han separado “Tienes una familia?”, su respuesta es: “Si. Juan, María, PAPÁ, MAMÁ y yo somos parte de ella”. Ninguno de sus integrantes desaparece por el hecho de vivir en casas separadas. Lo que sucede es que la estructura se transforma para ajustarse a los cambios que conlleva la decisión que los padres han tomado.

"El amor por los hijos puede permitir que se transforme para ellos"


Cuando ambos miembros de la expareja continúan presentes y ejerciendo su rol de padres, los pequeños pueden seguir compartiendo su vida con ambos. Al hacerlo, los incluyen a los dos como partes principales de su familia y entienden que esta sigue existiendo aún cuando sus padres no vivan juntos. El divorcio no debe destruir la familia. El amor por los hijos puede permitir que se transforme para ellos.

 

Para lograrlo es indispensable que los adultos cercanos a los niños eviten hacer comentarios tales como “todo se acabó, se destruyó con el divorcio”, “yo no tengo familia…, me acabo de divorciar”, etc. Por el contrario, es importante que adultos y niños entiendan que ahora pertenecen a una familia que vive en dos casas, en las cuales el afecto de los padres por sus hijos mantiene los lazos entre sus miembros.


Un paso indispensable para lograr mantener los vínculos familiares es que el padre y la madre logren superar el dolor, la rabia y el resentimiento. Así podrán iniciar una nueva etapa en su relación como padres y continuar siendo compañeros en la educación de los hijos.

 

 

Esta requiere que cada uno valore nuevamente a su expareja, que pueda resaltar sus cualidades y especialmente, que sienta que el otro es el mejor papá o mamá que pueden tener sus hijos. De esta manera, los niños aprenderán a querer a cada uno con sus defectos y cualidades y podrán crecer con la estabilidad que produce saber que se cuenta con dos padres amorosos y siempre dispuestos a ayudarle.


Para lograr este proceso los padres deben tener siempre presentes los aspectos siguientes:


1. Hablar mal del otro padre causa dolor a los hijos y los lleva a tener que calificarlos como el bueno y el malo de la situación.


2. Recuerde que usted y su expareja forman parte de la familia de sus hijos aunque no vivan juntos.


3. Resalte frente a sus hijos las cualidades del otro padre. Hágalo con sinceridad y solamente en aquellos aspectos que son realmente positivos. Los niños perciben cuando usted está mintiendo.


4. Apoye los encuentros con el padre y demás miembros de su familia. Anime a sus hijos a mantener contacto diario con su papá y recurrir a él cuando necesite ayuda.


5. Insista a los niños cuantas veces sea necesario que la familia no se ha destruido, que se ha transformado y que todos continúan siendo parte del mismo grupo aunque ahora vivan en dos casas.


Lograr la transformación de la familia no es una tarea fácil para la expareja. Requiere de paciencia, dedicación y especialmente mucho amor.


Por: Gloria Mercedes Isaza


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