La primera etapa del divorcio

 

La primera etapa es la que se puede llamar LA DECISIÓN DEL DIVORCIO. Isolina Ricci en su libro "Mom's House, Dad´s House", afirma que la persona vive en esta etapa cinco fases importantes que se deben tener en cuenta con el objeto de entender lo que se está sintiendo, y poder tener un comportamiento adecuado para el caso.

 

Es importante saber que hacen parte de un proceso que debe vivirse porque saltárselo en su totalidad o partes puede generar dificultades presentes y futuras. Estas son las siguientes:


1. Antes de la Separación. Corresponde a la época en la que se empieza a admitir que la relación tiene dificultades y se ha deteriorado en aspectos fundamentales como la sexualidad, la comunicación, el respeto, la fidelidad o la honestidad. Uno o ambos miembros de la pareja reconocen la tensión y la lejanía afectiva que existe entre ellos. Entonces, se sienten confundidos y con sentimientos ambivalentes frente a la posibilidad del divorcio. Cuando solo alguno de los implicados es el que desea la separación y la lleva a efecto, se generan diversas circunstancias en las cuales se presenta el hecho que uno es el que abandona y el otro es el que es abandonado. En este caso, la situación produce diversos sentimientos de culpa en el que desea irse, y de víctima en el que debe quedarse.


2. La Separación. El momento de la separación produce al mismo tiempo confusión y tranquilidad. El poder liberar la tensión produce bienestar, pero la partida lleva a evidenciar el dolor y la pérdida. La familia ya no será como antes y la persona ha perdido a su pareja. Estas emociones varían de acuerdo con la calidad de relación que se tuvo durante el matrimonio. Si ésta fue conflictiva y violenta, el alivio será mayor que la pérdida. Durante esta etapa, que genera gran estrés en la persona, se presentan variaciones físicas y emocionales. Suele alterarse el sueño, la alimentación y el cuidado de sí mismo. La persona tiene dificultad para concentrarse, tomar decisiones, controlar sus sentimientos de tristeza o rabia, e iniciar actividades diferentes a las que su vida familiar y laboral le exige. Enfrentar socialmente la decisión también se convierte en una situación difícil, y lleva a la persona a mantenerla en secreto durante algún tiempo.


3. Avalancha de Emociones. Esta es una fase en la cual las emociones llevan a la persona a actuar como nunca lo había hecho y no volverá a hacerlo jamás. Es común sentir que se encuentra en una montaña rusa de sentimientos encontrados que produce gran sensación de inestabilidad en su vida y en la de quienes lo rodean. La intensidad de la tristeza, la rabia, la desilusión, el irrespeto y muchas veces la traición, es el origen del miedo y la confusión que se tiene ante el futuro. Durante este período estas manifestaciones se adjudican al exconyuge, y se piensa que él es el que se encuentra fuera de control. Lo más probable, que ambos estén en la misma situación. Estos hechos son aún más claros cuando la pareja no ha vivido la etapa de discusión y reclamos previa a la separación. Dicho momento no es el más indicado para hacer acuerdos, ya que se trata de un tiempo en el que cada uno piensa lo peor del otro y la situación se mira usualmente en forma exagerada. En algunos casos pueden llegar a manifestarse síntomas de depresión ante los que es indispensable solicitar ayuda profesional. Recuerde que vivir solo esta etapa no es recomendable. El apoyo de algún familiar, amigo o consejero es de gran ayuda durante esta crisis. En este período es importante evitar excesos que puedan llegar a generar adicciones al licor, el cigarrillo, el sexo, el trabajo o el juego.
 

 

También resulta necesario superar la rabia y el rencor para evitar que estos sean los lazos que lo siguen uniendo a su expareja, y más cuando es necesario fortalecer la relación parental que ahora debe ocuparse de los hijos que están de por medio.

 

4. EL Adulto Adolescente. Se llega a este momento cuando la persona logra dejar de vivir en el pasado, y empieza a hacerlo en el presente que le permite liberar los sentimientos de pérdida de la relación que ha terminado. Es una época en la que se puede volver a experimentar la alegría de conocer y conquistar una nueva pareja, de vivir otra vez experiencias sexuales que le hacen sentir que ha regresado a su adolescencia pero con más libertad y experiencia. Durante este período, los adultos deben tener cuidado de ignorar las necesidades básicas de sus hijos, descuidar sus propias necesidades llevando una vida sin límites, abusar del tabaco o el licor. También, convertirse en el adolescente de la familia mientras los hijos asumen el rol de padres, ignorar los riesgos que conlleva una actividad sexual desordenada, y establecer un compromiso y casarse muy pronto. Es normal que la expareja reaccione frente a este nuevo comportamiento y le reclame por haber abandonado su lugar como papá o mamá de los hijos. Así, los menores sienten que han perdido a la persona madura capaz de dirigirlos y les es difícil entender y aceptar tal situación.

"Es importante saber que hacen parte de un proceso que debe vivirse porque saltárselo en su totalidad o partes puede generar dificultades presentes y futuras"


5. Una nueva Madurez y Estilo de Vida Este es el último período de la primera etapa. Por tanto, una vez se han superado las anteriores, la persona está preparada para reconstruir su vida, transformar con sus hijos la estructura familiar y disfrutar con aquellas personas que hoy conforman su círculo de amigos y que han estado cerca durante el mencionado proceso. Es en este momento que la persona puede establecer una nueva relación de pareja que le permita querer y ser querida. Hasta ahora las relaciones han evitado el compromiso y las uniones compartían más sexo que intimidad y correspondían a una etapa de exploración. Además, en esta hora la persona puede valorar el tiempo que duró su relación conyugal como un aprendizaje, y en consecuencia logra claridad sobre los años de convivencia y la necesidad de tenerlos en cuenta como una forma de respetarse a sí misma. Entonces, está en capacidad de reconocer su habilidad para enfrentar y superar esta crisis y las que vengan en su vida.

 

Por último, se halla en la posibilidad de comprender que después de compartir varios años de la vida, y tener hijos que les han dado grandes satisfacciones, es posible considerar que hay una vida parental en común hacia delante que debe ser establecida a partir del respeto. Esto quiere decir que no es posible divorciarse de los recuerdos, pero si aprender a vivir con ellos.
Ahora hay que tener en cuenta que se inicia la segunda etapa del proceso, y que puede llamarse DESPUÉS DEL DIVORCIO.


Por: Gloria Mercedes Isaza


Divorcio, Pareja y Sicología

     

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